
3.2.10
En desbandada

13.1.10
A la amanecida

13.11.09
Jenny Ekholm X
30.9.09
Flores muertas
14.9.09
El final
14.7.09
Necesito cerrar los ojos (III)
.Mi cuna estaba adosada a la biblioteca
Babel sombría, donde novela, ciencia, fábula,
todo, la ceniza latina y el polvo griego
se mezclaban. Yo era alto como un infolio.
Dos voces me hablaban. Una, insidiosa y firme,
decía: “La Tierra es un pastel lleno de dulzura;
yo puedo (¡y tu placer será entonces sin límite¡)
despertarte un apetito de igual tamaño. “
Y la otra: “¡Ven¡ ¡Oh, ven, viajero en el sueño
más allá de lo posible, más allá de lo conocido¡”
Y esa cantaba como el viento en los arenales
fantasma quejumbroso, venido no se sabe de dónde,
que acaricia el oído, y sin embargo espanta.
Yo te respondí “!Si, dulce voz¡” De entonces
data lo que se puede ¡ay! llamar mi llaga
y mi fatalidad. Detrás de los decorados
de la existencia inmensa, en lo más negro del abismo,
veo distintamente mundos singulares,
y, víctima de mi clarividencia extática,
arrastro conmigo serpientes que me muerden los zapatos.
Desde este tiempo, igual que los profetas,
amo tan tiernamente el desierto y el mar;
desde entonces me río en los duelos y lloro en las fiestas.
y encuentro un gusto suave al vino más amargo;
tomo muy a menudo los hechos por mentiras
y, con los ojos en el cielo, me caigo en los agujeros.
Pero la voz me consuela diciendo: “Conserva tus sueños;
los cuerdos no los tienen tan bellos como los locos”.
.

